martes, 2 de abril de 2013

¿Fantasía o Realidad?


                Comenzó como un juego, años atrás. Él le dejaba mapas y mensajes en cualquier lugar que visitara, siempre acompañado de su símbolo favorito, que era un sombrero de mago de esos triangulares con estrellitas, y ella los buscaba en cualquier lugar que visitara, por si había algo para ella en aquél lugar.
                Cuando John y Lucía se conocieron, eran unos niños que compartían pupitre en la clase de dibujo del colegio. La familia de Lucía acababa de mudarse al pueblo y ella era la chica nueva, lo cual no habría estado tan mal si no hubiera sido tan pecosa. Tener pecas en el colegio equivalía a ser judío en la Alemania nazi, las pecas se perseguían y a los pecosos se les sometía a toda clase de vejaciones. Así estaba siendo para Lucía, a la que a raíz de sus pecas y su cabello rojizo toda la escuela trataba mal. Le tiraban el almuerzo en el recreo, le arrojaban piedras y le ponían la zancadilla por el pasillo siempre que podían.. hasta que John intervino. No es que dejaran de hacerle todas esas cosas, de hecho se inventaron algunas nuevas. No es que cuando él estuviera cerca ella estuviera protegida. Pero dejaba de importarle, porque había alguien que se mantenía a su lado a pesar de los problemas.
                Se hicieron amigos muy rápidamente, y se reunían después del colegio en casa de cualquiera de los dos, para seguir charlando y soñando juntos. Conforme fueron creciendo, empezaron a salir de excursión por las tardes, en bicicleta o andando, por los campos y caminos de los alrededores de su pueblo, explorando todo un mundo de pequeñas cosas. Allí empezó el juego de los mensajes secretos.  Pronto empezaron a marcar los caminos que habían visitado, señalando en los que habían encontrado algo importante, algún refugio o cualquier cosa. Construyeron una cabaña como pudieron, cerca de los terrenos de la familia de John, y en general, fueron felices, al margen de la escuela. Pronto, empezaron a utilizar sus símbolos de exploración para darse esperanzas en la escuela, para descubrir que al margen de los problemas, siempre había un tiempo feliz que compartían.
                Así, sin querer reconocerlo, terminaron por enamorarse. Pero ninguno tuvo el valor de arriesgar la amistad que tenían, porque consideraban que era lo más valioso que poseían, y no querían perderlo, por un poco más de felicidad. Cuando John y Lucía empezaban a vencer ese miedo, sucedió algo.  Con pocos meses de diferencia, los padres de John perdieron su trabajo y empezaron a buscar nuevos empleos. Finalmente les ofrecieron sendos puestos de trabajo en una multinacional, unos puestos muy jugosos que no pudieron rechazar. El problema es que tendrían que mudarse.
                Cuando John se lo contó a Lucía, conteniendo las lágrimas de milagro, ésta empezó a sollozar. Antes de conseguir consolarla, John la estaba acompañando, y ambos lloraban abrazados. Los dos lo sabían. Ninguno lo dijo.
                Desde entonces, aunque siempre han mantenido el contacto y han hablado casi todos los días, nada es lo mismo. Ese amor platónico de hace tantos años ha boicoteado inconscientemente todas las relaciones en las que los jóvenes se habían visto envueltos. Para John, significa no poder dejar atrás un amor tan profundo que teme que si se detiene se hundirá para siempre. Para Lucía, es perseguir a un fantasma, porque cada vez que lo alcanza, se desvanece entre sus dedos.  Siempre que hablan, bromean y tontean, los dos lo dicen en serio, y ninguno se cree lo que le contesta el otro. Es como un juego. Esperan que, milagrosamente, llegue un día en el que puedan reunirse y vivir juntos, y dar por fin rienda suelta a ese amor que los abrasa.

                - ¿Lucía? ¿estás bien? llevo un rato hablando y no me haces ni caso... te veo un poco pálida.
                - ¿Eh..? -respondió Lucía distraída, mientras apartaba la vista de aquél sombrero y volvía a la realidad-. Sí sí, perdona, David. Es sólo que estaba recordando mi tercer año de instituto, y me he dejado llevar...¿qué me estabas contando?
                - Te... -David seguía mirándola como si tuviera algo en la cara, entre extrañado y preocupado-. Te estaba preguntando si no habíamos visto ese símbolo ya cuando estuvimos en Sos del Rey Católico. Y ahora que lo pienso, juraría haberlo visto también en el Monasterio de Piedra...
                - No lo sé, cielo, sabes que soy muy despistada -Lucía notaba que sus mejillas se teñían de rubor, y decidió cambiar de tema-. ¿Dices que en este castillo se rodó El Reino de los Cielos?

                Siguieron hablando durante un rato, Lucía evitando el tema del hombre con quién quería compartir su vida, mientras hablaba con su novio. David, enamorándose cada vez más de aquella preciosa y misteriosa pelirroja, que a no mucho tardar, terminaría por romperle el corazón. 

5 comentarios:

Nosferes dijo...

Qué bonito relato, lo vas a continuar o se quedará así??

Basas tus relatos (al menos algunos de ellos) en partes de tu vida? :)

Un saludito Naitaal!! CTodavía continúo leyéndote :P

Christian Magallón Soria dijo...

No me enteré de que habías contestado :S. Me alegro de que te parezca bonito ^_^. Mi idea era dejarlo así, aunque nunca se sabe.

Algunas partes si las extraigo de mi vida, aunque las modifico y luego es totalmente diferente.

En serio, si alguna vez me publican, después de mi familia, el primer ejemplar firmado será para ti xD.

amapola dijo...

me gusta mucho...

Sofía dijo...

Tu relato me ha dejado impactada, y me ha gustado mucho. Habrá que echarle una ojeada a la segunda parte ^^

Christian Magallón Soria dijo...

Me alegro mucho de que te haya gustado el relato So, espero que disfrutes con todo lo que leas, y, que si no es así, me lo hagas saber para que pueda arreglarlo ;D.